Marta Vieira Jaramillo

El día 30 de abril de 2018, celebramos, con dolor y esperanza, la pascua de nuestra querida Hna. MARTA MAGDALENA VIEIRA JARAMILLO, del Divino Maestro, quien falleció a los 86 años de edad y 62 de Vida Consagrada.
Marta nació el día 2 de marzo de 1932, en la Ceja – Antioquia, en el hogar de Jesús María y Julia, fue la última de doce hijos. Profesó, como Carmelita Misionera, el 28 de enero de 1956.
Seguiremos recordando a Marta como una mujer de extraordinaria delicadeza y cultura, femenina, de trato fino y agradable con todas las personas, bondadosa, acogedora, fraterna, sencilla, cercana; alegraba la vida de su comunidad con su buen humor; animando con chistes y coplas las recreaciones y encuentros fraternos. Poseía grandes dotes artísticas que supo poner al servicio de la misión.
Carmelita a carta cabal, su vida fue clara y transparente en todo sentido, hermana y amiga, sin doblez, quienes compartieron vida y misión con ella expresan:” convivir con Marta fue un gran regalo del Señor”.
Enfermera de profesión y vocación, ejerció este servicio durante toda su vida religiosa con sentido evangélico, calidez humana, paciencia, amor y eficiencia profesional, tanto en Instituciones y sitios populares con gente sencilla y pobre, como al interno de la comunidad, cuidando con esmero y cariño a las Hermanas mayores.
La persona de Jesús en los aspectos de su infancia y como Maestro, fueron referentes para el fortalecimiento de su vida espiritual; motivos de su oración fueron la realidad del país, las vocaciones al Carmelo Misionero, las necesidades de la Congregación. Vivió su vocación de Carmelita Misionera con agradecimiento y gozo vocacional, aceptando con ilusión y obediencia los diferentes destinos donde fue enviada: Clínica Soma, Medellín; Santa Bárbara, Barranquilla, Frontino; Santa Apolonia, Santa Isabel y Tamaca en Venezuela, Cartagena, San Antonio de Prado y Monte Carmelo, donde vivió esta última etapa de su vida, caminando lentamente hacia la meta: el encuentro definitivo con el Dios del amor, el Divino Maestro, en quien confiaba.
Con amor entrañable quiso a su familia. Fue grande su amor a la Virgen María, a la Iglesia y a la Congregación. ¡Gracias Marta! Por la huella de tu caminar, por construir la paz a tu paso por las comunidades. Oramos en familia y comunidad para que disfrutes de la presencia plena del Señor. Contamos con tu intercesión.